En lo alto de la roca, un muchacho de cabello negro y ojos azules contemplaba la puesta des sol. ¿Cuánto llevaba allí, en esa roca, sentado sin cambiar de posición? No lo sabía. Quizás días, quizás años. Había perdido la cuenta al quinto atardecer. El tiempo para él no pasaba como lo hacía para otros seres. Elevó la vista hacia el anaranjado cielo, suspirando lentamente. Solía suspirar mucho, pues aunque era una acción hereje para sus propias creencias, la soledad y el desasosiego le obligaban a traicionarse a sí mismo con esa acción. Llevaba tres décadas buscando a la maldita mujer que podía ayudar a su gente, pero la muchacha no se dignaba a aparecer. Con un ágil movimiento sigiloso, se levantó cual felino echando una última mirada al paisaje. Bajó hasta la oscura arena que rodeaba un pequeño lago de aguas cristalinas en calma. Miró su reflejo en el agua y entrecerró los ojos.-
-Es hora de volver... He descansado demasiado.-Sonriendo levemente de lado, se pasó una mano por el pelo y rehízo el camino de vuelta a casa.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario